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Relatos de “La niña amarilla”: M´estime, m´estime

El camino de la vida me llevó a escribir un libro cuya creación fue como desnudar mi alma completamente, abrir mi corazón y sus heridas hacia adentro y hacia afuera, y entonces pude proyectar de nuevo las ganas de acabar con todo hacia mi trabajo literario. Una vez escrito el libro quería tirarlo a la basura, creía que no servía para nada. Llegué a destruir los archivos en mi ordenador. Fui al cuarto donde almacenaba mis pinturas con la intención de romperlas todas; se trataba de reflejar mi deseo de acabar conmigo destrozando mis obras. Una de las que empecé a destruir hoy cuelga de una pared de mi cada y está llena de mensajes de amor para mí misma: “M´estime, m´estime, m´estime… Caterina, m´estime”.



Encontrarme ha requerido todo un proceso. Descubrí que cuando algo me afecta y me siento mal quedarme durmiendo no soluciona nada.

Todos los días tienen algo mágico. Y todo está dentro de mí: la luz y la oscuridad. Ver mis monstruos y hablar con ellos me ayudó a dejar de temerlos, a invitarlos a expresar sus lamentos y a darme cuenta de que, de repente, ya se habían transmutado, aunque nunca fueron tan peligrosos. La incomodidad de mirarlos a la cara me sirvió para aprender de ellos y seguir caminando.

Esta vez, libré. Me hubiera gustado saber antes que nunca he estado sola y que tú tampoco lo estás, y que encontrarse mal es lo bastante duro para además, culparnos por ello.

No podemos estar alegres todos los días, esto no existe; y todas las personas contamos. Somos únicas y especiales. Tenemos el poder del amor para cambiar el día de alguien con una simple sonrisa, tenemos voz para inspirar a los demás y somos merecedoras de nuestra existencia y de formar parte de la inmensa playa de la vida como uno de sus infinitos granos de arena. Damos sentido a nuestras dudas sólo siendo nosotras mismas.


El universo quiso que un archivo del libro no se destruyera y pude aceptarlo, quererlo y publicarlo. Doy gracias porque conseguí transformar la destrucción en creación y, una vez más, de la misma muerte surgió el poder infinito del amor.



Fuente: La niña amarilla, relatos suicidas desde el amor. María de Quesada. Editorial Vergara.


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